Fin de semana en Cuenca El pasado mes de octubre realizamos una excursión otoñal a la Sierra de Cuenca y, como en la primavera del 2007, nuestro campamento base lo situamos en el albergue de Uña. Fue un fin de semana muy especial ya que a la belleza de los colores otoñales del monte tuvimos que sumar la presencia de abundante fauna, vimos ciervos, jabalís, buitres, águilas y rastro de la actividad de otros animales como los zorros.

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Los más pequeños disfrutaron de la presencia de unos “gambusinos” que se hicieron pis sobre varios componentes del grupo mientras intentábamos localizarlos.
A esto hay que sumarle que en un año especialmente seco, ya que desde abril ha caído muy poca agua, lloviese los días anteriores a nuestra llegada, con lo cual el campo estaba recién regado. El tiempo que tuvimos fue excepcionalmente bueno, soleado y sin nada de frío como era de esperar en estas fechas, lo cual permitió estar un rato de tertulia al aire libre después de la cena.
Respecto a las excursiones, ambas fueron cómodas y sencillas, pero muy gratificantes. La del sábado un poco más larga pero muy bonita, ya que el paisaje es muy cambiante según el tramo por el que se ande; al final, aprovechamos para visitar la piscifactoría del Rincón de Uña. La del domingo, más corta, nos llevó a ver los tilos centenarios que todavía conservaban algunas de sus hojas, las pistas de acceso han sido ampliadas pero, por suerte, la que lleva hasta los tilos no ha sido tocada permitiendo su aislamiento, cosa que en un enclave como este es de agradecer.
El grupo estuvo formado por doce mayores y cuatro niños, hubo varías bajas por razones de enfermedad, lo que ha sido una pena ya que se perdieron un fin de semana de esos que desconectas de las rutinas diarias y te hacen volver con un montón de sensaciones de las que duran varios días. Cuenca es una apuesta segura para hacer un excursionismo de calidad. El albergue ha mejorado con respecto a la última vez, sobre todo por el tema de la comida, los que lo atienden son muy atentos. Las únicas pegas son la excesiva altura de las literas y el calor que se paso ya que la estufa de leña es muy eficiente, aunque seguro que para más de uno esto no es una pega, sino un aliciente.